miércoles, 1 de julio de 2015

TINO CASAL CANTA LAS 40

Recuperamos un artículo de la época de los 90. Interesante entrevista a Casal.














martes, 30 de junio de 2015

GRAN ARTÍCULO DE LORENZO SILVA

El paso del tiempo hace que se vaya reconociendo la figura de un gran artista como Casal. Lorenzo Silva ( Premio Planeta en 2012 ) escribe este emotivo artículo.

No fuimos héroes

Tino Casal, un cuarto de siglo después


De  | Pasajes – lun, 29 jun 2015

Se llamaba José Celestino Casal Álvarez, aunque se hizo célebre con el nombre de Tino Casal, primero, y Casal a secas después. Nacido en Oviedo en 1950, alcanzó la fama en los años 80, como uno de los más llamativos representantes de la que se dio en llamar la Movida madrileña. Tras formar parte de diversos grupos y pasar unos años en Londres, comenzó en 1981 su carrera en solitario, con un álbum que se llamaba Neocasal. Entre este año y 1989 publicó cuatro álbumes más: Etiqueta Negra (1983),Hielo rojo (1984), Lágrimas de cocodrilo (1987) e Histeria (1989). El 22 de septiembre de 1991, cuando preparaba el que iba a ser su sexto álbum, murió en un accidente de tráfico al chocar contra una farola el Opel Corsa en el que iba de copiloto. Fue la única víctima mortal del siniestro, aunque en el vehículo viajaban más personas: fiel a su estilo, no llevaba cinturón de seguridad.


Tino Casal, Neocasal (1981)Tino Casal, Neocasal (1981)


Murió Casal sobre la raya maldita de los 41 años. Un instante fatídico para los artistas precursores: fue también en ese momento, poco antes o poco después, cuando murieron, por ejemplo, Poe o Kafka. Como ellos, nos dejó en la incertidumbre de lo que podría haber hecho pero también en la certeza de lo que alcanzó a completar. Con Etiqueta negra (que incluía su éxito Embrujada) o Lágrimas de cocodrilo (con su corte Eloise, grabado en los estudios Abbey Road de Londres) consiguió situarse entre los cantantes que más vendían en España. En su corto recorrido dejó para la posteridad unas cuantas canciones por las que parece no pasar el tiempo. En ellas se acredita la excelente voz de Casal, pero también su intuición para las letras y su inteligencia para los arreglos y la producción. Todas tienen un sonido impecable, fruto de un talento maniático que por momentos recuerda al de unMichael Jackson; en cualquier caso, una rara avis en la música pop española, por entonces bastante dada aún a la chapuza y la improvisación.
Confieso que por aquel entonces no supe verlo. A muchos nos despistaba su apariencia frívola, su indumentaria extravagante, herencia de sus años londinenses en pleno apogeo del glam-rock. Uno de los  testimonios que quedan en su discografía de esa influencia es la versión que hizo de Life On Mars, de David Bowie, cuya fuerza impresionó hasta tal punto al intérprete británico que dejó al productor de Casal, Julián Ruiz, sin su vinilo de Neocasal. Quizá ha hecho falta que pase un cuarto de siglo de su muerte para que apreciemos verdaderamente la riqueza y la potencia de su música.


Tino Casal, Etiqueta negra (1984)Tino Casal, Etiqueta negra (1984)


Brillaba Casal especialmente a la hora de hacer versiones de antiguas canciones que reinventaba casi por completo, cambiando la letra y modificando sus arreglos hasta el extremo de hacerlas parecer nuevas y originales. Tal fue el caso, además de Life On Mars, de Eloise (basada en una canción de Paul Ryan de 1968) y volvió a demostrar esta capacidad en el que acabaría siendo su testamento musical, su último álbum, Histeria. Aunque no tuvo tanto éxito como los anteriores, es quizá en el que mejor se aprecia al hombre detrás del artista. Revisitado más de 25 años después, adquiere un sentido sorprendente.
Una de las versiones de este disco es, por ejemplo, el corte No fuimos héroes, a partir de Don’t you Want Me, el megaéxito de The Human League. En el aspecto musical, Casal sale más que airoso de la comparación. Su canción no tiene nada que envidiarle, en arreglos y empuje, al original del grupo británico. Y en lo que se refiere a la letra, la supera de largo. La historia de un Pigmalión dolido por el abandono y la ingratitud de su pupila, tópico asunto de la canción original, viene a ser sustituida por un hondo lamento de las ocasiones desaprovechadas y de los esfuerzos equivocados que suena más que oportuno en la España presente, un país que el cantante no estaba ni remotamente en condiciones de imaginar:

No, no fuimos héroes,
ya todo estaba escrito,
mutilaron nuestros sueños.

No, no fuimos héroes,
se mueren nuestros mitos,
heredamos un infierno.

Deja de pensar
si hicimos bien o mal,
si aun nos queda algo que hacer,
hagámoslo bien.


Tino Casal, Hielo rojo (1984)Tino Casal, Hielo rojo (1984)


Fue oyendo esta canción cuando tuve la curiosidad de rescatar aquel disco que, en su momento, vuelvo a reconocerlo, me pasó bastante inadvertido. Conseguí una edición en CD de 2009, que incluye algunos temas adicionales a los recogidos en el álbum original. Entre ellos, la versión maxi de la otra versión que contiene, tan buena o mejor que la anterior: Tal como soy, sacada del celebérrimo Killing Me Softly With This Song de Roberta Flack, que de nuevo transforma por completo hasta hacer de ella una canción distinta, y tal vez más interesante que la que le sirve como inspiración:

Náufragos en un mar de dudas,
navegaremos tú y yo,
víctimas de esta locura,
poco frecuente,
de un amor
contra corriente.
Ten valor
y quiéreme siempre
tal como soy.

Ese Tal como soy, proclamación de la lealtad suprema a uno mismo y al propio camino (inexcusable, porque sin ella resulta imposible construir la lealtad a ninguna otra cosa más), recorre todo el disco, que viene a ser también el testimonio del impacto de la fama, con sus mieles y sus hieles, en un hombre que es a la vez el depositario de un raro talento y el chaval que salió del pequeño lugar de Tudela Veguín, en los alrededores de Oviedo, con ansias de comerse el mundo. Lo logró, en buena medida, pero ya se sabe que el mundo te deja comerlo mientras se toma la contrapartida de comerte él a ti en la misma o superior proporción.


Tino Casal, Lágrimas de cocodrilo (1987)Tino Casal, Lágrimas de cocodrilo (1987)


De esa tensión, esa dualidad entre el yo íntimo y el personaje expuesto al público, habla con toda claridad la canción Destino casual:

Preguntas por mi vida
y ya lo ves:
es todo relativo,
el éxito también.

No soy un elegido,
no busco el amor fácil
ni sufro por placer.
Y apenas voy tirando,
de amores fracasando,
el resto tú lo sabes bien.

Soy sólo un hombre más,
un pobre diablo más,
ante el espejo me pregunto
qué hago aquí.
Sin prisas por triunfar,
sin miedo a fracasar,
algo cansado,
ya que tú no estás aquí.


Tino Casal, Histeria (1989)Tino Casal, Histeria (1989)


Acerca de la vocación y la identidad irrenunciables del artista, pese a quien pese y contra toda la incomprensión y la inquina que pueden granjearle, se desvela Casal en otra de las canciones autobiográficas del álbum, Que digan misa:

Cambia la aguja del dial
y no te pares a escuchar
lo que han dicho de ti.
Abre los ojos y tal vez,
entre la espada y la pared
haya un sitio para ti.

Morir en la Gran Vía
un poco cada día,
es buena forma de morir.
En esas cuatro esquinas
repletas de pasado,
camino al éxodo por ti.

Envilecidos, menospreciados,
formas de vivir.
Comprometidos, amanerados
Formas de vivir.


Tino Casal,  Casal vive (recopilatorio, 2000)Tino Casal,  Casal vive (recopilatorio, 2000)


La autoobservación presente una y otra vez en Histeria encuentra una peculiar expresión en una de las canciones aparentemente más desenfadadas del disco, Sex o no sex, que presenta a su protagonista como un réprobo sin remedio:

Has salido de cuentas,
has vuelto a beber,
se han abierto las puertas
del infierno a tus pies.
Cuántas noches en blanco,
invocando a Lucifer.
Has vendido tu alma,
él te ha pagado en placer.

Vives en pecado,
estoy bien informado,
serás exorcizado,
tu cuerpo será quemado.


Casal, Único (recopilatorio, 2006)Casal, Único (recopilatorio, 2006)


La última canción del vinilo (que no del CD, que incluye como última pista la titulada más que significativamente The End) se titula Voy a apostar por ti:

Voy a apostar por ti
todas mis cartas a la vez,
me gustaría ganar
sólo por verte perder.

Ahora sabemos cómo salió la apuesta. Regular para el hombre, mucho mejor para el artista, que le sobrevivió y perdura. Como le dice Mefistófeles a Fausto en el texto de Goethe: “La vida es breve, y el arte largo”. Gente como Tino Casal (o como Poe, o como Kafka, o como esos otros que cayeron víctimas de otra famosa maldición, la de la segunda mitad de la tercera década, desde Pergolesi hasta Amy Winehouse) nos invita a pensar sobre la fugacidad de nuestro aliento y el peso de nuestras obras. La mayoría dejamos un rastro leve; quienes aciertan a legar a sus semejantes una creación que le aguanta el pulso al tiempo no pueden ser objeto de condescendencia.


Tino Casal, Todo Casal (recopilatorio, 2011)Tino Casal, Todo Casal (recopilatorio, 2011)


Y hasta aquí ha llegado este blog, abierto hace once meses bajo la advocación de Walter Benjamin. Otro que no vivió para alcanzar el medio siglo, y que en septiembre de 2015 hará 75 años que se apagó en un hotelucho de Portbou, huyendo de los nazis, en una calle que a la sazón llevaba un nombre que le habría sido odioso, el del general Mola (el cerebro de la rebelión militar del 36).
Ha sido una travesía breve, pero intensa. A quien la hizo le ha deparado algunos hermosos hallazgos. Con que deje una mínima huella en algún lector, habrá merecido la pena.
Y ya saben:
Si aún nos queda algo que hacer,
hagámoslo bien.

Es, aunque provenga de un cantante estrafalario, un muy juicioso consejo.